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Sobre el duelo y el dolor

Así es como se titula esta obra de Elisabeth Kübler-Ross, figura de referencia para la comprensión y el abordaje del duelo. El duelo es muerte y dolor, y ambos son los pilares del trabajo asistencial y la obra literaria de esta psiquiatra pionera. Dedicamos una entrada previa a su libro “Sobre la muerte y los moribundos” en el que recoge las vivencias de personas que se encuentran en una fase terminal de enfermedad. A partir de ahí describe diferentes fases (modelo Kübler-Ross), que luego pasarán a la posteridad como las etapas del duelo.  Nadie mejor para hablar de la muerte como parte de la vida.

Utilizando un estilo similar a la anterior entrada, compartimos las anotaciones realizadas en las diferentes lecturas de la obra con el objetivo de ofrecer un recorrido inspirador por las fases del duelo. La autora también dedica apartados específicos al mundo interno y externo del duelo, así como a circunstancias específicas de muertes con connotaciones singulares. Como una suerte de aforismos, compartimos también sus reflexiones más sugerentes.

Editorial Luciérnaga

A modo de introducción, hemos seleccionado estas frases del libro como elementos catalizadores para continuar con la lectura.

“Nunca concluirás el duelo de un ser querido”

“La pérdida tiene lugar en el tiempo, de hecho en un momento dado, pero su posterioridad dura toda la vida”

“Puede ser que tardes años, pero en algún momento encontrarás la forma de honrar las vidas perdidas, sin sentir ese insoportable dolor que sientes ahora”

“No hay una única forma correcta de realizar el proceso del duelo ni un plazo de tiempo adecuado para hacerlo”

“No hay muertes mejores o peores, la pérdida es la pérdida y el duelo que le sigue es un dolor subjetivo que sólo nosotros conoceremos”

“A veces, hacer cosas normales nos proporciona una sensación de normalidad”

“El proceso de curación del duelo es una experiencia abrumadora y solitaria”

ETAPAS DEL DUELO

Las etapas nunca se concibieron para ayudar a introducir las emociones turbias en pulcros paquetes. Son reacciones a la pérdida que muchas personas tienen, pero no hay una reacción a la pérdida típica, ni tampoco existe una pérdida típica. Nuestro duelo es tan propio como nuestra vida.

La gente a menudo cree que las etapas del duelo duran semanas o meses. Olvida que son reacciones a sentimientos que pueden durar minutos u horas mientras fluctuamos de uno a otro. No entramos ni salimos de cada etapa concreta de una forma lineal. Podemos atravesar una, luego otra y retornar luego a la primera.

NEGACIÓN

Para alguien que ha perdido a un ser querido, la negación es más simbólica que real.

Al principio podemos quedarnos paralizados o refugiarnos en la insensibilidad. () El mundo se torna absurdo y opresivo. La vida no tiene sentido. Estamos conmocionados y negamos los hechos. Nos volvemos insensibles.

Las personas se descubren contando la historia de su pérdida una y otra vez () es una manera de negar el dolor mientras intentamos aceptar la realidad de la pérdida.

IRA

La ira (contra un ser querido por no haberse cuidado mejor o ira contra nosotros por no haber cuidado mejor de él) sólo aflora cuando nos sentimos bastante seguros como para saber que probablemente sobreviviremos. Luego afloran más sentimientos (tristeza, pánico, dolor, soledad)… justo cuando comenzábamos a funcionar otra vez a un nivel básico.

Uno puede estar enfadado por encontrarse en una situación que no esperaba, merecía ni deseaba.

Tienes que estar dispuesto a sentir la ira () a menudo la elegimos para evitar los sentimientos más hondos hasta estar preparados para afrontarlos.

No reprimas la ira. En lugar de ello, explórala. Es importante sentir ira sin juzgarla, sin intentar hallarle un sentido.

Puede aislarnos de nuestros amigos y nuestra familia precisamente en el momento en el que más podemos necesitarlos; podemos sentir culpa, que es ira vuelta hacia uno mismo.

NEGOCIACIÓN

Antes de una pérdida, parece que haríamos cualquier cosa con tal de que no se lleven a la persona que queremos. () . Después de una pérdida, la negociación puede adoptar la forma de una tregua temporal.

La negociación a menudo va acompañada de culpa. Es posible que pactemos con el dolor. Nos quedamos anclados en el pasado, intentando pactar la forma de librarnos del dolor.

Cuando atravesamos la etapa de negociación, la mente modifica los acontecimientos pasados mientras explora todo lo que se podía haber hecho y no se hizo. Lamentablemente, la mente siempre llega a la misma conclusión…: la trágica realidad es que el ser querido se ha ido realmente.

DEPRESIÓN

Esta depresión no es un síntoma de enfermedad mental, sino la respuesta adecuada ante una gran pérdida. Nos apeamos del tren de la vida, permanecemos entre una niebla de intensa tristeza y nos preguntamos si tiene sentido seguir adelante solos.

El tratamiento de la depresión es un acto de equilibrio. Debemos aceptar la tristeza como un paso apropiado y natural de la pérdida, pero no debemos permitir que una depresión descontrolada y permanente merme nuestra calidad de vida.

Las reacciones de ánimo que se reciben suelen ser la expresión de las necesidades propias y de la incapacidad de esas personas para tolerar una cara larga durante un período de tiempo prolongado.

ACEPTACIÓN

La aceptación suele confundirse con la noción de que nos sentimos bien o estamos de acuerdo con lo que ha pasado. (). La aceptación es un proceso que experimentamos, no una etapa final con un punto final. ().  Aprendemos a vivir con la realidad. Es la nueva norma con la que debemos aprender a vivir. Se refleja en las acciones de recordar, recomponerse y reorganizarse.

Dejamos de dedicar nuestras energías a la pérdida y empezamos a dedicarlas a la vida.

EL MUNDO INTERNO DEL DUELO

TU PÉRDIDA

La muerte de un ser querido no tiene comparación por el vacío y la profunda tristeza que produce.

Nadie puede decirnos nada que nos haga sentir mejor, porque esas palabras no existen. Sobrevivirás, aunque no estés muy seguro de cómo ni tan siquiera lo deseas.

Las pérdidas son muy personales y las comparaciones son odiosas. Tú eres el único que puede reconocer la magnitud de tu pérdida.

ALIVIO

Sentimiento extraño e inesperado, que sin embargo es una reacción normal. Puede ser porque tu ser querido sufría y ahora das las gracias por el fin de ese sufrimiento. Es el reconocimiento de que el sufrimiento ha acabado, de que nuestro ser querido ya no sufre esa enfermedad.

No tenemos que elegir qué sentimiento es correcto y cuál incorrecto.

DESCANSO EMOCIONAL

Averigua qué es lo que da una tregua a tus emociones y hazlo sin juzgarlo () busca lo que te consuele y apóyate en ello.

Pensamos en el trabajo, nos distraemos un rato con cualquier cosa, procesamos los sentimientos y volvemos a por más.

LAMENTACIONES

Es posible que lamentemos lo que no hicimos y lo que no dijimos. Las lamentaciones son parte de la pérdida, y piensa que no te encuentras solo en la experiencia de la lamentación.

Las lamentaciones pertenecen al pasado. Y la muerte ha sido una forma cruel de conceder a dichas lamentaciones más importancia de la que se merecen.

La ilusión de un tiempo infinito nubla nuestra capacidad para comprender lo valioso que es el otro. Ese valor crece tras la muerte porque nos damos cuenta de que todo se ha perdido.

Esfuérzate al máximo en hacer las paces con las lamentaciones que puedas. Pensar que puede hacerse todo en la vida es algo irreal. También es irreal pretender ser perfecto y no lamentarse de nada.

LÁGRIMAS

Son una de las muchas maneras que tenemos de aliviar nuestra pena. () Las lágrimas no lloradas se encargarán de hacer más profundo el pozo de la tristeza. Lo peor que puedes hacer es impedirte a ti mismo desahogarte.

Es posible que llorar o no llorar tenga más que ver con la forma en que te han educado que con la naturaleza de tu pérdida.

Las lágrimas inesperadas te recuerdan que la pérdida sigue ahí.

APARICIONES

Sentir una pérdida es sentir una pena profunda. Una aparición suele ser la repetición del trauma de dicha pérdida, como una visión que no puedes quitarte de la cabeza.

ROLES

Cuando fallece un ser querido quedan vacantes todos los roles que desempeñaba.

Cuando hablas con la familia de un moribundo, los seres queridos suelen decir que también muere una parte de ellos, lo que es cierto. Sin embargo, también es cierto que una parte del que fallece vive en nosotros.

LA HISTORIA

Contar la historia es parte de la curación () ayuda a disipar el dolor.

Cuando alguien te cuenta su historia una vez tras otra, está intentando descubrir algo. Tiene que faltar alguna pieza porque si no, ellos también se cansarían.

CULPA

Somos responsables de nuestra salud, pero no somos culpables de nuestras enfermedades.

La triste realidad es que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, todos morimos algún día, normalmente antes de lo que nos gustaría.

RESENTIMIENTO

El resentimiento es ira antigua a la que nunca nos hemos enfrentado. Es posible llorar la muerte de alguien que se ha portado fatal con nosotros. () . La realidad de esas pérdidas no puede negarse aunque pensemos que la persona no merecía nuestro amor.

OTRAS PÉRDIDAS

La pena trae a nuestra conciencia todas la pérdidas pasadas y presentes que hemos sufrido en la vida.

La visita de vuelta a antiguas heridas es un ejercicio de terminación, ya que volvemos a la totalidad y la reintegración.

CREENCIAS SOBRE LA VIDA

Con alguna pérdida ocurre que no sólo debemos llorar la pérdida en sí, sino también la pérdida de la creencia de que no debería haber pasado (muerte de un niño, cáncer en jóvenes, accidentes…).

La creencia de que una vida sana impedirá que muramos en un sistema de creencias difícil de mantener cuando estamos en medio del duelo. Tu sistema de creencias también necesita curarse y recomponerse.

AISLAMIENTO

Sentirse aislado después de una pérdida es algo normal, previsible y saludable. Si se prolonga, desaparece la esperanza, reina la desesperación y eres incapaz de ver un atisbo de vida más allá de las invisibles paredes que te aprisionan.

Es parte del duelo y puede servir como una transición hacia la vida. En última instancia es una oscuridad que se experimenta, pero no un lugar donde vivir.

SECRETOS

Tras la muerte de un ser querido no es extraño descubrir secretos. La parte más dura es que el secreto representa algo que creemos que nos han ocultado adrede.

CASTIGO

Vivimos pensando que, si somos justos, no sufriremos. Pero vivir también es morir. Algunas personas creen que si se vuelven muy espirituales, serán capaces de curarse de enfermedades. Sin embargo, eso es negocio, no espiritualidad.

FANTASÍA

A menudo, idealizamos a la persona que hemos perdido para, de modo subconsciente, mostrar la dimensión de la tragedia. Pensamos que cuanto mejor sea la persona, el resto del mundo entenderá mejor todo lo que hemos perdido.

EL MUNDO EXTERNO AL DUELO

HAY TANTO QUE HACER

Intenta no llevar a cabo el proceso de manera precipitada porque los rituales han sido diseñados para ayudarte a encontrar un significado y una manera de exteriorizar y compartir el dolor. Si lo realizas demasiado rápido, perderás esta oportunidad.

ROPA Y POSESIONES

Al hacernos cargo de las posesiones de alguien, nos damos cuenta realmente de que esa persona se ha ido. Si siguiera aquí, no revisaríamos sus cosas, ya que constituiría una intromisión en su intimidad.

Cada posesión física contiene una historia, un recuerdo; alguno de ellos conocidos, otros no.

El ritual de organizar la ropa y pertenencias de un ser querido facilita el proceso de duelo, en parte porque nos ayuda a aceptar la realidad de la pérdida.

LAS FIESTAS

Las fiestas marcan el paso del tiempo en la vida. Constituyen un tiempo para revisar tradiciones y de decidir lo que quieres hacer.

Las fiestas nunca serán como antes. Sin embargo, con el tiempo, la mayoría de las personas son capaces de encontrar de nuevo un sentido a las tradiciones, ya que una forma nueva de espíritu festivo crece en su interior.

CUESTIONES FINANCIERAS

Podemos empeorar las cosas con todos los sentimientos sobre las finanzas, pero la verdad es que el dinero es una herramienta. Lo que determina si nos sentiremos bien o mal es cómo lo percibimos y qué hacemos con él. La muerte puede hacer que nos demos cuenta de lo que el dinero puede y no puede comprar.

Las cuestiones financieras pueden distraernos del proceso de duelo.

EDAD

Es posible pensar cualquier cosa para cada edad y muerte. No importa de cuánto tiempo disfrutó alguien o lo plena que fue su vida, porque siempre será una pérdida terrible para nosotros.

Mucha gente cree que, tras la muerte de un niño, nunca hay un cierre.

La vejez puede funcionar como un amortiguador cuando lloramos la pérdida de un ser querido: nos prepara y nos ayuda a sobrellevar la pérdida. Sin embargo, la juventud complica el duelo, ya que aumenta la sensación de injusticia.

Cuando nos hacemos mayores vemos el duelo con otros ojos.

CIRCUNSTANCIAS ESPECÍFICAS

NIÑOS

Pasamos mucho tiempo enseñando a los hijos cosas sobre la vida ¿por qué no hacemos lo mismo con la muerte?

A menudo, los padres comenten el error de no contarles a sus hijos nada relativo a la muerte. Lo importante es avisar a los niños con antelación de que sentirán una mezcla de sentimientos.

Los niños te harán saber si están preparados o no si te pones a su disposición y, cuando hayan tenido bastante, también te lo dirán.

Las cintas y las cámaras de vídeo son una poderosa herramienta para hacer frente a la pérdida. Una simple carta también puede significar todo un mundo para un niño en proceso de duelo.

PÉRDIDAS MÚLTIPLES

En las pérdidas múltiples el trauma dura mucho más. La negación es mucho más fuerte. La ira es más intensa y la tristeza y la depresión mayores.

Es difícil saber por quién lloras en cada momento. Las pérdidas se entremezclan de manera natural. Pero es importante dedicarle el tiempo a cada persona.

Al final, todos los supervivientes deben pasar de preguntarse por qué a pensar qué van a hacer con el resto de la vida.

DESASTRES

Se combinan el duelo personal y el común. Los supervivientes quedan expuestos a terribles imágenes, sonidos y olores.

La etapa de negación suele ser más larga, ya que todos pensamos que los desastres nunca nos afectan a nosotros. Es posible que nos sintamos enfadados porque nuestro ser querido estuvo en el desastre y no otra persona. O que nos enfademos con la madre naturaleza.

SUICIDIO

Existe un sentimiento de culpa e ira, pero también de vergüenza. El suicidio elimina cualquier sensación de bienestar en una familia. La ira puede ser insoportable, porque el acto de suicidio es un golpe tremendo más allá de la propia muerte.

Deberías encontrar un lugar dentro de ti para estar triste y apenado y para construir una nueva relación con tu ser querido sin insistir en cómo murió ni definir su vida según su muerte.

MUERTE REPENTINA

Inesperadamente nuestro mundo cambia cuando, sin aviso, nos damos cuenta de que nuestro ser querido ya no está entre nosotros. No hay preparación, no hay despedidas, sólo la mayor ausencia que uno podría haberse imaginado. La negación durará más tiempo y será más profunda.

El dolor estará ahí para que tú, de forma gradual, lo desentierres con los años.


Concluimos en la línea de la entrada dedicada a la lectura de “Sobre la muerte y los moribundos”.  El libro “Sobre el duelo y el dolor” es una herramienta facilitadora sin pretensiones, de recomendación universal. Cualquier momento es bueno para empezar. No se me ocurre a nadie a quien pudiera no interesarle. Esta colección de aforismos no reemplaza la lectura de este magnífico libro.

 


Día Internacional de las personas mayores en tiempos de COVID

En el día Internacional de las Personas Mayores de hace justo un año publicábamos esta entrada haciendo referencia al envejecimiento poblacional como un fenómeno de transición demográfica y epidemiológica de larga data pero cuyo afrontamiento estaba resultando heterogéneo e inconsistente. Reflejábamos la eterna ausencia de medidas dirigidas a adaptar el sistema sanitario a la persona mayor como su usuario principal. Por ejemplo, considerar la atención especializada, adaptar los clásicos indicadores de malos resultados de salud (calidad de vida a los años por encima de mortalidad) o potenciar la longitudinalidad en la atención comunitaria.

Un año después de aquello, en este octubre de 2020 que comienza, estamos ante un escenario muy diferente. En medio de una pandemia por COVID, con el recuerdo de unos meses terribles y la incertidumbre latente de una situación que no mejora.

La pandemia está resultando dramática en las personas mayores: innumerables muertes, soledad y aislamiento. Abandono. Ejemplos diarios de discriminación por edad en múltiples contextos y situaciones de autoedadismo desgarradoras, atención sanitaria ausente o a distancia, con la estigmatización y el miedo como argumentos y la telemedicina como el gran oxímoron.

Por otra parte los cuidadores y familiares de personas mayores se consolidan como figuras clave para minimizar la pérdida de autonomía durante este período con medidas intuitivas y adaptaciones creativas de los recursos disponibles. En este blog ya hablábamos de las recomendaciones dadas por terapeutas ocupacionales para una actividad ideal en estos tiempos que corren. A las medidas restrictivas impuestas y las dificultades en el acceso a la atención sanitaria para todo aquello no relacionado con el COVID-19 hay que sumar la tendencia ya previa hacia un modelo de cuidado (com)pasivo. El cuidado habría de entenderlo como un modelo de atención para revertir una situación de dependencia si es posible, evitar las complicaciones de la situación actual y prevenir su progresión. No simplificarlo en la provisión de un soporte humano y estructural.

Particularmente funesto ha resultado este año para las personas mayores que viven en residencias de ancianos. Cifras estratosféricas de afectados y fallecidos, duras medidas de aislamiento para evitar la entrada del COVID-19 en los centros y las repercusiones que ha tenido en la población anciana residente y sus familias. Todo lo vivido en este entorno obliga a un profundo cambio en modelos actuales de cuidado y medicalización de estos centros.

Los tiempos actuales no invitan a la reflexión, sino que obligan a la toma de decisiones. Y mientras los aspectos clínicos y administrativos del COVID-19 monopolizan la atención comunitaria, las personas mayores se sitúan de nuevo en el foco de la desatención. Eso sí, bien confinadas.


No perdamos de vista, tras tanta complejidad en la atención, el valor de las personas mayores como colectivo. Cumplir años son años mirando el mundo y eso tiene mucho valor.

“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”

Ingmar Bergman

Prevención de demencia. 12 factores de riesgo

Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para la prevención en demencia.

Las recomendaciones dadas a nivel poblacional y sobre un diagnóstico concreto, en este caso una demencia, no siempre son aplicables en su totalidad y de modo literal a nivel individual.

Hay factores de riesgo de deterioro cognitivo muy condicionados por políticas de salud pública y ajenos a nuestra capacidad de intervención global (más allá del voto), pero es importante tenerlos en cuenta para atenuar su impacto a lo largo de los diferentes momentos de la vida de una persona y en la medida de las posibilidades de cada uno. Como apuntábamos en esta entrada respecto a las controversias en las recomendaciones a las personas mayores, establecer una relación terapéutica con la persona mayor y conocer aspectos relacionados con su biografía, su nivel de autonomía, sus dinámicas de relaciones interpersonales y familiares y su estilo de afrontamiento de la enfermedad, son claves en la toma de decisiones. Conocer a la persona y el análisis crítico de la evidencia en Geriatría marcan el camino de una praxis adecuada.

En este caso presentamos las recomendaciones generales para la prevención de demencia, utilizando como base una publicación reciente en una prestigiosa revista científica.

En las anteriores entradas de este blog “Hablemos de demencia” y “No es solamente Alzheimer” señalábamos aspectos diferenciales de enfermedad y enfermo absolutamente relevantes y que sirven como marco para entender y adaptar estas recomendaciones en la línea de prevención de demencia.

Las 12 medidas de prevención que se recomiendan van en la línea de reducir el daño neuropatológico (depósito de sustancias, inflamación o vascular) y de mantener o incrementar la reserva cognitiva a lo largo de la vida a través de modificación de factores de riesgo:

Figura traducida y adaptada del artículo recomendado (The Lancet)

En la infancia y juventud, implementar educación, en la edad adulta, hipertensión, obesidad, reducción de audición, traumatismos craneoencefálicos y alcohol y en personas mayores, tabaco, depresión, inactividad física, aislamiento, diabetes y contaminación medioambiental.

Mediante esta distribución se trata de definir en qué momento de la línea de vida la intervención sobre el factor de riesgo es más relevante para prevenir demencia. Esto no significa que sea relevante una intervención al respecto en cualquier momento y para cualquiera de ellos. Se trata de determinantes de salud que tanto a nivel poblacional como individual se relacionan con peores resultados de salud, en este caso con demencia.

  1. NIVEL EDUCATIVO. El tiempo de escolarización es el indicador habitualmente utilizado, además del tipo de formación académica. En general, la estimulación cognitiva en edad infantojuvenil tiene un impacto mayor en la prevención de demencia que en otras franjas de edad. No se refiere en este caso al valor de la estimulación cognitiva como tratamiento de deterioro cognitivo y/o demencia. Tampoco a que no resulte de utilidad ni recomendable como prevención de demencia en otras franjas de edad, sino que señala lo relevante de lo adquirido en las primeras etapas de la vida.
  2. AUDICIÓN. La pérdida de audición en edad adulta a partir de 25 dB y no corregida se ha relacionado con demencia. Las hipótesis son varias, al tratarse de hipoacusia en la edad adulta y ser una situación que se relaciona más intuitivamente con demencia en personas mayores, pero la relación está presente.
  3. TRAUMATISMOS CRANEOENCEFÁLICOS. Son relevantes tanto en número como en intensidad, también se tiene en cuenta la severidad del daño en la masa cerebral. Las medidas poblacionales de implementación de uso de casco, por ejemplo, tienen resultados a nivel de prevención individual de secuelas.
  4. HIPERTENSIÓN ARTERIAL. El control de cifras de Tensión Arterial (TA) es relevante como elemento preventivo de demencia en cualquier franja de edad, pero mayor en edad adulta. Se hace especial hincapié en la TA sistólica por encima de 140 mmHg en edad adulta. La estrategia farmacológica utilizada no es tan importante como el control resultante de las cifras de TA.
  5. ACTIVIDAD FÍSICA. La actividad física ideal es compleja en cuanto a establecer recomendaciones individuales. Hay que considerar preferencias y limitaciones inherentes a diferentes franjas de edad, generación, cultura y clase social. Los beneficios del ejercicio físico son globales en términos de salud, sin embargo y paradójicamente a veces determinados tipos de ejercicios (sobre todo aquellos más isométricos y que se realizan en el domicilio) no obtienen los resultados esperados en cuanto a medidas concretas de salud.
  6. DIABETES. Los resultados son contradictorios en cuanto a si un mejor control glucémico o un fármaco concreto tiene más evidencia en cuanto a reducir la prevalencia de demencia. Lo que sí está más claro es el papel de la diabetes como factor de riesgo de deterioro cognitivo.
  7. ALCOHOL. La cantidad y el tiempo de consumo de alcohol se relacionan, no solamente con algunas demencias de inicio precoz, sino con cualquier tipo de demencia.
  8. OBESIDAD. La presencia de obesidad en la edad adulta se ha relacionado con demencia. También la pérdida de peso como factor protector respecto a aquellos que se mantienen obesos.
  9. TABAQUISMO. Al igual que en la obesidad, un cese en el consumo activo de tabaco, en cualquier edad, también tiene beneficios sobre el riesgo de padecer demencia.
  10. DEPRESIÓN Depresión y demencia se imbrican de modo que incluso su diagnóstico diferencial o presencia comórbida es compleja de discriminar. Aquel episodio depresivo sin tratamiento es el que parece se relaciona con aparición de demencia.
  11. SOCIALIZACIÓN. Un bajo número o la ausencia de contactos sociales y el aislamiento (más subjetivo), más allá de que puedan resultar un pródromos de deterioro cognitivo, son un factor de riesgo de demencia.
  12. CONTAMINACIÓN MEDIOAMBIENTAL Las medidas fundamentales se refieren a la concentración de dióxido nitroso y partículas relacionadas con los escapes de tráfico. Una mayor concentración de ambas se ha relacionado con un mayor riesgo de demencia. Como curiosidad señalamos que cuando se presentan poblaciones de nonagenarios suelen asentarse en un entorno rural.

Se habla también en el trabajo de aspectos relacionados con el sueño, pero con resultados muy contaminados por la utilización de psicofármacos hipnóticos y su papel, y dietéticos, sobre los que no hay información concluyente y sin embargo es con lo que nos bombardean en prensa respecto a sus propiedades protectoras e incluso curativas.

Se trata de un trabajo interesante, dónde estos factores de riesgo potencialmente modificables reducirían en un 40% la prevalencia de demencia, siendo la pérdida de audición no corregida el de mayor peso específico. El 60% restante continúa siendo desconocido.

Aún con mucha información al respecto de la prevención de la demencia y de la demencia en general, también hay lagunas importantes de desconocimiento. La impresión es que queda mucho por hacer en este terreno, pero también queda mucho en cuanto a poner en marcha todo lo que sabemos que funciona. También evitar y señalar aquello que ha demostrado que no funciona o al menos que no ha mostrado efecto beneficioso alguno, salvo para el fabricante del producto.


Formación en Psicogeriatría; visión desde la Geriatría y la Psiquiatría

Los médicos en período de formación especializada (Médicos Internos Residentes; MIR) cuentan con la figura de un tutor de residentes que en ocasiones se convierte en maestro y mentor, además de orientador. Les sirve de guía y apoyo a lo largo de los años de formación, que son cuatro en el caso de la geriatría y la psiquiatría. Hay un programa formativo para cada especialidad (geriatría, psiquiatría) de regulación ministerial y publicado en el Boletín Oficial del Estado, cuyo cumplimiento tienen que acreditar y garantizar los servicios con formación MIR. Cada servicio cuenta con tutores entre los facultativos de su plantilla, a los que se selecciona considerando aspectos de capacidad y motivación, entre otros. Aún disponiendo de un marco regulado y consensuado en materia de formación, en ocasiones aparecen dificultades (unas veces coyunturales, otras estructurales) en bloques formativos concretos en las que el papel de tutor es determinante. También resulta clave para compatibilizar los intereses de conocimiento particulares de cada residente con el programa marco.

¿Qué pasa si un MIR de geriatría o de psiquiatría quiere formarse en el campo de la Psiquiatría Geriátrica? ¿cómo puede orientarle su tutor?

Para que nos aporten su visión recurrimos a dos amigos y compañeros con los que tuve el placer de trabajar en diferentes momentos. Uno geriatra y el otro psiquiatra, ambos tutores de residentes. Óscar Duems (@OscarDuems) es geriatra y trabaja en el Servicio de Geriatría del Hospital General de Granollers (Barcelona). Allí le conocí entre 2010 y 2012, justo cuando él terminaba su formación y yo aterrizaba para conocer de primera mano la atención sanitaria a las personas mayores en Cataluña. Incansable y perspicaz. Un lujo. Daniel Hernández (@psqhernandez) es psiquiatra y trabaja en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, donde ambos nos formamos como psiquiatras y coincidimos entre 2013 y 2015, en este caso mientras él terminaba y yo empezaba la especialidad. Reflexión y aplomo. Otro lujo.

Ambos son tutores, comparten interés en la formación especializada y están personalmente implicados en la docencia. Conocen los planes de formación de sus respectivas especialidades y ayudan a implementar lo que éstos preconizan. Les preguntamos acerca de la psicogeriatría desde la visión de un tutor de residentes y esto es lo que nos cuentan.

Psicogeriatría, tan cerca, pero a la vez tan lejos de la GERIATRÍA

Dr. Óscar Duems (Geriatra. Tutor de residentes. Hospital General de Granollers)

El envejecimiento poblacional y su repercusión en la prevalencia de enfermedades mentales del adulto mayor nos enfrenta cada vez con más frecuencia a la necesidad de un abordaje psicogeriátrico eficaz y bien fundamentado. 

Paradójicamente a dicha necesidad, la formación especializada en este ámbito resulta por norma limitada (partiendo desde su definición e implicación de profesionales hasta en la forma de ser impartida).

Tras una rápida reflexión se podría considerar que a medio camino entre la geriatría y la psiquiatría se podría encontrar la psicogeriatría, pero en realidad no resulta tan sencilla su definición ni tan afable el acceso a ella partiendo desde cualquiera de las dos posturas.

Por ejemplo, al analizar la situación actual de la formación en psicogeriatría desde el ámbito de la geriatría manteniendo esa mirada autocrítica, realista y poco contemplativa a la que Pelegrin-Valero hacía referencia en su clásica reflexión, podemos afirmar que nos encontramos ante el mismo panorama vicioso perpetuador del problema al que se enfrentaban hace casi una década, desde el punto de la psiquiatría, con escasez de equipos especializados para el abordaje integrador y con la ausencia de formación de calidad de los futuros especialistas en esta área.

Como tutor de residentes me resulta necesario cuestionar ¿por qué la formación desde la geriatría en el ámbito de la psiquiatría resulta tan insuficiente y fragmentada?, si en realidad es tan necesaria e inapelable ante la creciente demanda de atención de las personas mayores con trastornos mentales.

En nuestro entorno, las escasas unidades docentes que brindan una aproximación a esta formación durante los años de residencia limitan su instrucción a cursos, sesiones o módulos monográficos (generalmente financiados por farmacéuticas y con poco o ningún tipo de regulación u orden), y a reducidas rotaciones externas (limitadas en el tiempo y supeditadas al propio interés del residente).

Aunado a este problema, la psicogeriatría en el ámbito de la geriatría suele encontrarse (cuando se encuentra) confinada al ámbito ambulatorio, generalmente en consultas externas y con anecdóticas participaciones en la hospitalización aguda (exceptuando algunas unidades aisladas), enfrentando de forma más distante las descompensaciones agudas y los retos diagnósticos del paciente vulnerable que ingresa en un ambiente hostil.

Los pacientes geriátricos con trastornos mentales presentan retos diagnósticos y terapéuticos concretos a los que se ha de dar una respuesta eficaz y rápida. Es por ello por lo que hemos de buscar soluciones que permitan acercar la PSIQUIATRÍA al entorno GERIÁTRICO y viceversa.

Si como Cuevas-Esteban sugiere somos capaces de…

  • FOMENTAR el interés y motivación de los residentes hacia la psicogeriatría
  • HOMOGENEIZAR los criterios de formación en psicogeriatría de las distintas unidades docentes
  • ESTIMULAR en los foros de discusión la difusión de inquietudes y propuestas relacionadas con la psicogeriatría
  • AVANZAR en el desarrollo de estructuras asistenciales que faciliten la atención de los pacientes en el medio terapéutico óptimo
  • POTENCIAR la presencia de la psicogeriatría dentro de los distintos servicios de geriatría (mediante sesiones, talleres y módulos específicos)
  • ACERCAR posturas con las distintas especialidades involucradas y trabajar como un equipo multidisciplinar de atención al anciano con enfermedad mental

… La PSICOGERIATRÍA dejará de ser esa asignatura pendiente, mostrándonos que en realidad aquello que en un inicio nos parecía tan lejano se encontraba más cerca de lo que habíamos pensado…. mostrándonos que en realidad la PSIQUIATRÍA y la GERIATRÍA sí que pueden estar cercanas.

Como Paul David Hewson entonaría ….FARAWAY, so close!


La utópica formación en Psicogeriatría

Dr. Daniel Hernández (Psiquiatra. Tutor de residentes. Hospital Universitario Ramón y Cajal)

Como tutor de residentes de Psiquiatría, una de las funciones que tienes que desempeñar durante su formación es el asesoramiento de las rotaciones externas durante el 4º año. Es frecuente que uno de los aspectos donde los residentes más quieren ampliar sus competencias es en el campo de la psicogeriatría. Y no es para menos ya que, si atendemos a los últimos datos poblacionales, hasta casi un 20% de la población española es mayor de 65 años. Por tanto, supone un grupo poblacional importante en el que es necesario desarrollar unas habilidades y conocimientos específicos (y diferenciales con respecto al resto de grupos poblacionales) para poder ofrecer una atención sanitaria de calidad.

No me voy a detener en describir que es la psicogeriatría, primero porque me veo en desventaja con respecto al autor de este blog (gracias aun así por invitarme a colaborar, todo un honor) y segundo porque ya hay entradas donde se aborda ese tema con profundidad.

En lo que si me voy a focalizar es en el tema formativo en psicogeriatría. A pesar de los datos poblacionales y del interés que suelen mostrar los residentes por esta subespecialidad médica, nos topamos con una realidad implacable en cuanto a las posibilidades de formación: la escasez de recursos en la sanidad destinados a tal efecto. Es llamativo que en una ciudad como Madrid, con un sistema sanitario extenso y especializado, y con una de las mejores redes en Salud Mental de España, existan tan pocos recursos destinados a la psicogeriatría. Como ejemplo, a día de hoy, sólo existe una unidad de hospitalización específica para pacientes agudos en Madrid. Creo que sobran las palabras. Igualmente, la existencia de programas específicos de psicogeriatría es más bien la excepción que la norma en los hospitales madrileños. Aun así, el programa formativo de Psiquiatría expuesto en el BOE describe la formación en esta subespecialidad como uno de los trayectos por el que el residente puede optar en su 4º año, algo que se percibe actualmente como una realidad utópica.

Lo anteriormente expuesto genera que un paciente mayor de 65 años con patología mental aguda y necesidad de ingreso hospitalario acabe realizándolo en una unidad de Psiquiatría general. Este tipo de unidades habitualmente no están dotadas de recursos humanos suficientes ni acostumbradas a lidiar con aspectos del paciente mayor complejo, como las posibles ayudas a nivel de alimentación, aseo y deambulación que puedan requerir. Además, la posibilidad de complicaciones médicas en este grupo es más frecuente (caídas, infecciones, etc…) pero la asistencia que se les puede brindar a todas luces insuficiente.

Esta falta de recursos a nivel de la sanidad conlleva que aquellos residentes interesados en la psicogeriatría acaben optando por realizar a nivel privado un título de experto o máster donde puedan obtener las competencias necesarias para desempeñarse eficazmente con este grupo poblacional. De nuevo, el profesional sanitario invirtiendo su dinero en una formación tan necesaria para las necesidades de nuestro país (recordemos los datos de la pirámide poblacional) pero que las administraciones sanitarias no son capaces de cubrir… ¿Logrará la nueva reforma en materia de formación de sanitarios subsanar estas deficiencias? Mucho me temo que estamos ante otra realidad utópica.

Los datos exigen una remodelación en este sentido si queremos adaptar nuestra sanidad a las necesidades de la población. Y de hecho, durante la pandemia por COVID-19 que estamos atravesando, la cual sabemos que ha sido especialmente virulenta con la población más envejecida, se ha puesto todavía más de manifiesto esta necesidad. Durante esta crisis sanitaria una gran parte de las hospitalizaciones se han producido en personas mayores de 65 años, pluripatológicas y con un virus capaz de producir manifestaciones a nivel neuropsiquiátrico. Atender con solvencia y eficacia a este perfil de pacientes supone un marcado reto diagnóstico y terapéutico que requiere equipos multidisciplinares, recursos específicos y una visión integral por parte del médico. Y esto último sólo se logrará si desde las administraciones sanitarias habilitan, facilitan y priorizan la formación psicogeriátrica a nuestros futuros especialistas.

“Y es que invertir en conocimiento produce siempre los mejores beneficios”

Benjamin Franklin

Incapacitación ¿sabemos de qué hablamos?

En la línea colaborativa con profesionales vinculados a la asistencia de personas mayores, contamos con esta entrada de la Dra. Sandra Molins. Sandra es psiquiatra y ha trabajado como médico forense interina. En la actualidad, se encuentra inmersa en el proceso selectivo para ingreso en el Cuerpo Nacional de Médicos Forenses, por lo que está familiarizada con las ramificaciones administrativas, técnicas y jurídicas del procedimiento de incapacitación.

La psiquiatría forense es una especialidad de la medicina forense, que se sirve de los conocimientos de la psiquiatría y la psicopatología para dilucidar las cuestiones planteadas por la Administración de Justicia. En el campo del derecho civil, uno de los problemas médico forenses que pueden presentarse para su resolución es la incapacitación.

En una entrada anterior de este blog avanzábamos aspectos relacionados con competencia y capacidad, señalando prejuicios ageístas en la asistencia a personas mayores. “El tiempo invertido en informar a familiares a la salida de la habitación es inversamente proporcional al tiempo invertido en informar a la persona mayor y directamente proporcional a su edad”

Aquí dejo las reflexiones de la Dra. Sandra Molins:


Quizá, uno de los aspectos de mayor complejidad vinculados con la evaluación de pacientes en psiquiatría y especialmente, en psicogeriatría, se relaciona con la valoración de la capacidad cognitiva y los procedimientos de incapacitación, por las inherentes implicaciones médico-legales de los mismos.

De otro lado, y no menos importante, es innegable la notable repercusión en las distintas esferas de la vida que lleva aparejada la pérdida de capacidades o aptitudes. No sólo presentes en la persona que las padece, sino en su entorno más inmediato como se representa en la figura del cuidador.

No son infrecuentes los motivos de consulta en psicogeriatría relacionados con estos procesos, tanto para acometer el abordaje y tratamiento de las patologías que pueden ser subsidiarias de un procedimiento de incapacitación civil (entre las que se encuentran los trastornos neurocognitivos mayores o demencias), solicitar asesoramiento o información al respecto, o bien por la necesidad de intervención psicoterapéutica o apoyo psicológico en familiares o allegados.

¿Qué entendemos por capacidad?

La capacidad se puede definir como el conjunto de condiciones, recursos, cualidades o aptitudes que permiten el desarrollo de una actividad, el cumplimiento de una función o el desempeño de un oficio, entre otros. De dicha definición podemos deducir que la capacidad exige una base de aptitudes psicofísicas que posibiliten la acción.

En el campo del derecho civil, cabe conocer dos conceptos cercanos pero diferentes que pueden generar confusión: la capacidad jurídica y la capacidad de obrar. Según la Real Academia Española (RAE), la capacidad jurídica es la aptitud legal para ser sujeto de derechos y obligaciones. Y la capacidad de obrar, la aptitud para ejercer personalmente un derecho y el cumplimiento de una obligación. Por tanto, podemos decir que la persona posee capacidad jurídica, por el mero hecho de serlo, desde el momento del nacimiento. Sin embargo, la capacidad de obrar se refiere a la aptitud de la persona para ejercer por sí misma sus derechos y desenvolverse con autonomía. En nuestro ordenamiento jurídico, la persona adquiere la plena capacidad civil con la mayoría de edad (esto es, a los 18 años), siempre que reúna los elementos o requisitos necesarios.

¿Qué elementos integran la capacidad?

O lo que es lo mismo, ¿qué se considera necesario para que la persona sea apta para actuar con independencia en los distintos ámbitos de su vida? Podríamos resumir estos elementos en cuatro:

  • madurez psicológica
  • integridad biológica
  • inteligencia (o conocimiento/comprensión de los derechos y deberes)
  • voluntad (libertad de obrar conforme al conocimiento)

Inteligencia y voluntad, en definitiva, conforman las bases psicobiológicas de la capacidad de obrar.

Son precisamente las alteraciones de estos elementos las que pueden conllevar una merma en la capacidad de obrar. En el terreno que nos ocupa, lo más frecuente es la adquisición de la plena capacidad de obrar en su momento, que se ve limitada o anulada con el devenir de la vida. Los procesos de incapacitación se encuentran regulados en el Código Civil y en la Ley de Enjuiciamiento Civil, y han constituido una preocupación constante por parte del legislador. Su misión principal es proteger y salvaguardar los intereses de la persona incapacitada y su patrimonio.

El Código Civil no especifica qué enfermedades son causa de incapacitación, rezando el artículo 200: son causas de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impidan a la persona gobernarse por sí misma. Podemos destacar, por tanto, el origen de la noxa o la deficiencia que puede ser físico o psíquico, el carácter permanente de la misma, y la consecuencia, debiendo impedir a la persona el autogobierno, la defensa de sus intereses y el desarrollo de una vida independiente relacional y jurídica.

En este sentido, y de obligada mención en el marco en el que nos encontramos, son sin duda los trastornos neurocognitivos mayores o demencias una de las principales causas de incapacitación. La enfermedad de Alzheimer y la demencia de tipo vascular son las más frecuentes, pero no podemos olvidar otras enfermedades neurodegenerativas como la demencia en la enfermedad de Pick, de Huntington o de Parkinson, la demencia frontotemporal, la demencia de cuerpos de Lewy o la demencia SIDA, entre otras. Es el carácter permanente y deteriorante de las mismas el hilo conductor que hace de ellas subsidiarias de un procedimiento de incapacitación.

Pero no son las únicas. Sin entrar en prolijos desarrollos, los trastornos mentales graves de carácter crónico como la esquizofrenia, el trastorno delirante, el trastorno esquizoafectivo, o los trastornos afectivos como el trastorno bipolar, pueden producir un deterioro progresivo que en ocasiones limita o anula las capacidades cognitivas o volitivas de la persona, lo que se traduce en una merma en la capacidad de obrar tal y como se ha especificado anteriormente. Asimismo, los deterioros cognitivos permanentes derivados de traumatismos craneoencefálicos o del consumo de sustancias como es el caso de la demencia alcohólica, también pueden ser causa de incapacitación.

Es importante apuntar que otros trastornos de naturaleza episódica, por muy sintomáticos o aparatosos que resulten en sus manifestaciones, no son subsidiarios de un procedimiento de incapacitación, precisamente por su carácter temporal. El paradigma de dichos trastornos está constituido por el delirium o síndrome confusional agudo, que cursa con alteraciones del nivel de conciencia, de la atención y desorientación temporo-espacial, alteraciones en el curso o contenido del pensamiento y sensoperceptivas, o agitación psicomotriz.

En definitiva, la evaluación ha de ser siempre individualizada; poder establecer el diagnóstico adecuadamente es importante, pero es la valoración sucinta y minuciosa de las capacidades cognoscitivas y volitivas, y por ende, de autogobierno, lo que puede determinar el inicio de un procedimiento de incapacitación.

¿Quién debe iniciar el proceso de incapacitación?

El procedimiento de incapacitación se inicia con la interposición de demanda ante el juzgado de primera instancia del lugar en que resida la persona y puede ser promovido tanto por la propia persona, sus parientes más cercanos (cónyuge, ascendientes, descendientes y hermanos) o el Ministerio Fiscal.

¿Quién puede declarar a una persona incapaz?

Para finalizar, señalar que el artículo 199 del Código Civil establece que nadie puede ser declarado incapaz sino por sentencia judicial en virtud de las causas establecidas en la Ley. Por tanto, es el juez el único que puede declarar la incapacidad de una persona en base a las diligencias probatorias que se recogen en la Ley de Enjuiciamiento Civil. Es el juez quien dictará sentencia de incapacitación, en la que se determinará la extensión y los límites de la misma, debiendo adaptarse la protección de las personas incapacitadas a sus circunstancias personales y patrimoniales, pudiendo instaurarse un régimen de tutela o curatela.  La tutela consiste en la designación de una persona cuya función será velar por el tutelado, en lo relativo a su subsistencia (procurarle alimentos), promover la recuperación de la capacidad, administrar su patrimonio o su representación en aquellos actos que no pueda realizar por sí solo, entre otros. La curatela es semejante, pero en este caso, comprende sólo la asistencia del curador en aquellos actos que se dispongan expresamente en la sentencia.

“Es el juez el único que puede declarar la incapacidad de una persona…”


Historia de una caída en diez pasos

Una caída en una persona mayor, aún sin lesiones aparentes y con un mecanismo accidental, tiene implicaciones en la salud y en la vida de la persona. También en la de su cuidador, preocupado y temeroso de una nueva caída. Son situaciones que inician cambios y alguno puede resultar particularmente perjudicial. Aquí va el repaso de algunas modificaciones que pueden ocurrir y no necesariamente en una línea recomendable. Tenerlas en consideración puede facilitar el cumplimiento literal del saludable poema de Machado “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. 

  1. Una caída. El sentimiento de vergüenza de la persona mayor al contactar con su propia vulnerabilidad, anticipar una pérdida de autonomía, una predisposición arraigada a no preocupar al cuidador o contribuciones ageístas facilitan que pase desapercibido. NO DICE NADA. En muchos casos ni a su familia ni a su médico o enfermera de referencia.
  2. No obstante, la persona mayor toma alguna medida condicionada por el propio temor a una nueva caída. Lo habitual es reducir riesgos y no exponerse.  SALE MENOS DE CASA.
  3. Las conocidas posibilidades que brinda el domicilio en la línea de la seguridad refuerzan la postura de permanecer en casa y reduce todas las que ofrece salir de casa, entre ellas las relacionales. SE AISLA.
  4. Este primer cambio es una señal de alarma. Lamentablemente no siempre se detecta y cuando ocurre no siempre se desliga de la edad. ESTÁ MAYOR, SALE MENOS. El entorno atribuye a la edad en muchas ocasiones el aislamiento y la disminución de frecuencia de salidas a la calle. 
  5. Quizás en este punto se descubra la causa; una caída. Las caídas de repetición o una caída con lesión facilitan que se comunique al personal sanitario. Lo recomendable es consultarlo y tomar medidas para prevenir futuras caídas (acerca de esto ya hemos escrito previamente). NO OCURRE EN ESTE CASO.
  6. Para “caminar más seguro” lo intuitivo es apoyarse en algo o alguien . Y ahí aparece el brazo de un acompañante, un bastón o un caminador.
  7. ¿Os habéis fijado cómo cambia el patrón de marcha de alguien asido del brazo de otro? Al intentar ayudar a alguien a caminar o ser el soporte para que se apoye, creamos un patrón de marcha peligroso. Lo ideal es situarse a su lado y acompañar al caminar sujetando levemente un brazo y en la parte superior de la espalda. Es más una ayuda para que se reequilibre en caso de inestabilidad que “cargar o tirar” de la persona mayor.
  8. La combinación del “miedo a caerse” y el “miedo a que se caiga” da lugar a modos de caminar de la persona mayor y de su acompañante que facilitan los puntos 3 y 4, es decir, el aislamiento y la creencia de que no sale porque ya esta mayor.
  9. La imposición de una ayuda técnica (bastón o caminador) a la persona mayor para dar mayor seguridad a la marcha es vivida, en ocasiones, como un agravio y es otro elemento facilitador del aislamiento y la disminución de salidas a la calle. Culturalmente tienen connotaciones negativas y asociadas a un envejecimiento no saludable.
  10. Cualquier tipo de dispositivo (bastón o caminador) que se use para caminar hay que adaptarlo a la persona mayor en concreto. No son universales. Un tamaño no adecuado o un tipo de bastón o de caminador aleatorio facilitan, entre otras cosas, una nueva caída.
Infografía Caídas de Psiquiatramayores (fuente pictogramas: arasaac.org)

El retraso en la detección de una caída como causa de aislamiento y deterioro en una persona mayor es frecuente. A medida que disminuyen las salidas y la actividad, la marcha se deteriora en tipo y velocidad. Aparecen la sarcopenia y fragilidad. Y la recuperación no será la misma.

Os invitamos a observar y tomar conciencia de maneras de caminar particularmente inestables y poco funcionales con medidas de apoyo (brazos, bastones o caminadores) cuya función debería ser, precisamente, la contraria. Esto formaría parte de una de las formas de cuidar y pensar a personas mayores de las que hablábamos en una entrada previa.

Una caída en una persona mayor debería ser un motivo, no sólo de preocupación, sino también de consulta.


¿Cuál es la actividad ideal para las personas mayores en tiempos de COVID?

En esta segunda parte de la entrevista de terapeuta a terapeuta vemos el papel de la terapia ocupacional en tiempos de pandemia y confinamiento. De modo espontáneo e intuitivo, la actualidad invita a entrevistador y entrevistada a abordar el papel de la terapia ocupacional. Este es el resultado:

4. Vivimos en un momento complicado (COVID-19) en el que las actividades fundamentales de las personas mayores se han visto alteradas. Desde tu experiencia como terapeuta ocupacional ¿qué recomendarías Tanto a las persona mayores como a sus principales cuidadores?

De las personas mayores siempre podemos aprender mucho, nos dan lecciones cada día de resistencia, resignación, supervivencia y resiliencia.

Ellos han vivido muchas situaciones difíciles de sufrimiento en su vida, con menos recursos y facilidades de los que disponemos ahora.

Sobre todo recomendaría validar sus emociones, darles valor como individuos experimentados, escucharles y acompañarles en sus necesidades. Aconsejar o facilitar el mantenimiento de hábitos y rutinas que sean positivos para la salud como participar en lo posible en el auto mantenimiento (actividades de la vida diaria básicas),  en tareas básicas de la casa y dedicar bastante tiempo a tareas reconocidas como gustosas o placenteras para cada persona, siempre desde la propuesta o sugerencia no desde la orden u obligación para encontrar un equilibrio entre las ocupaciones del día, en función de cada persona. Muy importante respetar la decisión de cada uno (aunque a nosotros no nos parezca la más adecuada) las personas mayores con gran recorrido de vida piensan de diferente manera y tienen otras prioridades.

Dependiendo de los espacios disponibles adaptar el espacio para desarrollar las actividades si no se puede salir al centro de día o centro sociocultural, fomentar la interrelación con la familia, amigos/as y compañeros a través del teléfono móvil, whatsapp o videoconferencia (usando las nuevas tecnologías y adaptaciones si fueran necesarias).

En esta nueva situación se pueden poner en práctica nuevas habilidades inherentes a la situación de mantener la distancia, llevar mascarilla, lavarse las manos y limpiar los objetos, salir a las horas pautadas… Todas las nuevas condiciones pueden servir para, con creatividad, buscar actividades. Por ejemplo, hacer mascarillas con diferentes materiales, estudiar itinerarios para salir a la calle, organizar el tiempo del día con distintas actividades para que sea gratificante y productivo, comunicarse con familiares de la manera posible, etc…

Se pueden buscar actividades haciendo uso de la memoria de las personas mayores y las vivencias en alguna época de epidemia o situación de características parecidas; ver películas, leer libros o recordar sus experiencias.

 Y siempre cada día MÚSICA;  en mi opinión activa lo físico, cognitivo y emocional.

Como indicación a los cuidadores es muy importante el respeto de la voluntad y ofrecer posibilidades de HACER, DESHACER, PROBAR, ACERTAR O EQUIVOCARSE.

Existe también el concepto de deprivación ocupacional que podría darse en esta situación de quizás no poder salir de casa para realizar actividades sencillas como pasear u otras limitaciones en el desarrollo de las actividades que eran posibles anteriormente y ahora en esta situación no son viables. Por ejemplo, en Residencias de mayores o Unidades de psiquiatría de agudos en las que ha habido momentos que no se les permitía salir de su habitación o de su unidad. Hay que tratar siempre de facilitar los materiales para desarrollar las actividades posibles (con las medidas de seguridad oportunas).

5. ¿Cómo puede colaborar la Terapia ocupacional en este proceso de desescalada EN laS personas mayores para la adaptación al entorno físico y socio-familiar esta nueva realidad?

Lo más importante es contar con la persona mayor en la valoración de la situación, en qué grado de satisfacción o sufrimiento se encuentra la persona. En qué área cognitiva, física o social se manifiesta una necesidad más prioritaria para mejorar su salud física o mental. Quizás lo primero sea trabajar el miedo al contagio de la persona (si está muy presente), a la pérdida de su salud o de familiares cercanos o alguna pérdida ya acontecida en todo este proceso.

Determinar qué actividades si puede realizar, en qué medida disfruta con ellas y cuales querría hacer y no puede por la situación.

Es importante destacar que la funcionalidad del individuo no viene únicamente determinada por las capacidades funcionales sino también por las exigencias de sus contextos o entornos ocupacionales, es decir, un usuario con una limitación en sus capacidades funcionales puede llegar a un gran nivel de adaptación si sus entornos ocupacionales minimizan sus déficits y maximizan sus habilidades funcionales.

Poco a poco ir retomando las rutinas o hábitos posibles o  las actividades que son de su mayor agrado, siempre con las medidas de precaución presentes. Ir incrementando la actividad física y el movimiento como se pueda.

Gracias por tus aportaciones y por compartir con nosotros tu experiencia. Un saludo.


Gracias a Dori y a Jorge por mostrarnos su visión del papel de la terapia ocupacional en las personas mayores, en el ámbito de la psicogeriatría y también en la época actual que estamos viviendo de pandemia. Han logrado un tono divulgativo óptimo para que las nociones nucleares de su profesión resulten accesibles para todos de un modo ameno. Enhorabuena y muchas gracias de nuevo.

Terapia ocupacional y psicogeriatría

En esta entrada en el blog contamos con una nueva colaboración, que gracias al original formato que nos propone, presenta con complicidad explícita el punto de vista conjunto de dos expertos en terapia ocupacional. Jorge Serna es terapeuta ocupacional del Hospital Ramón y Cajal y admirado compañero y amigo, del que tanto he aprendido. Con su disposición y su propuesta nos adentra en el papel, la visión y ocupación de un terapeuta ocupacional con personas mayores y en el ámbito de Salud Mental.

La pandemia por COVID y el confinamiento han puesto el foco en la actividad y ocupación ideales para la personas mayores en esas condiciones. La opinión de ambos profesionales es absolutamente relevante y significativa y a ella dedicamos la siguiente entrada que publicaremos de modo consecutivo.

Jorge entrevista a Adoración Díaz, con amplia experiencia en el ámbito de la Psiquiatría Geriátrica. Una entrevista de terapeuta a terapeuta. En esta primera parte profundizan en el papel de la terapia ocupacional en la psicogeriatría. Esto es lo que nos cuentan:


1. Antes de nada, podrías hacer un pequeño resumen de tu experiencia en el ámbito de la geriatría?

Me llamo Adoración Díaz Peiro. Me diplomé en Terapia Ocupacional en el  año 1995 en la Universidad Complutense Madrid y realicé la formación de postgrado en Reeducación y Terapia psicomotriz en Instituto de Ciencias Sanitarias y de la Educación (Madrid), así como formación de  Psicomotricistas en Psicopraxis, Terapia familiar sistémica, Acompañamiento en la muerte y por último, me formé en  Intervención con discapacidad en Ocio y tiempo libre.

De forma resumida mi experiencia laboral podríamos agruparla en tres grandes campos; por un lado en el campo de la salud mental trabajando en hospital de día en Nuestra Señora de la Paz de Madrid; en el campo de la geriatría Residencia de personas Mayores San Fernando (Comunidad de Madrid) y actualmente en el campo de la psicogeriatría en una Unidad de agudos y Cuidados psiquiátricos prolongados en el Hospital Dr. Rodríguez Lafora, siendo este último campo en el que está siendo mi mayor reto profesional hasta la fecha.

2. Podrías definirme, desde tu experiencia, ¿Cuál sería el papel que tiene la terapia ocupacional en el campo de la geriatría, y en concreto en la PSICOGERIATRÍA?

En mi opinión, la Terapia Ocupacional en Geriatría en muchos casos aporta la ilusión por crear o hacer cada día algo bueno para cada uno y/o para su entorno, de alguna forma estructura el día, ayudando a organizar las actividades y deseos (proyectos e ilusiones) que se van a realizar más bien a corto plazo con el objetivo de aprovechar los recursos y habilidades presentes teniendo muy en consideración la historia de vida siendo la finalidad última tratar de preservar la identidad propia de la persona. Es como la energía de cada día, el propósito de vida.

Como Terapeuta Ocupacional centrada en el individuo, he perseguido el objetivo de permitir que la persona se sienta protagonista en la toma de sus decisiones, así como facilitar y acompañar en el HACER, potenciar la voluntad y la participación en la planificación de actividades y/o propuestas, tratando de  mejorar la calidad de vida de las personas que acuden a nuestro servicio. Es importante, por no decir básico, que la persona tenga la sensación de cierto control y poder sobre lo que desea hacer o no hacer.

Para mí, es muy importante el crear un clima grupal donde el respeto, la escucha activa, el compromiso, el sentido de pertenencia a un grupo, donde la gente importa, donde cada uno tiene una vida que es considerada y valorada, cada uno tiene o ha tenido una familia, una casa, un pueblo, un trabajo, alegrías y pérdidas; momentos que es permitido compartir o vivencias que expresar sin temor a ser juzgados o no comprendidos.

Es bastante común el sentimiento de soledad en las personas mayores a pesar de tener gente a su alrededor, de sentir que nadie tiene tiempo de escuchar y que le importe lo que quieren contar.

En las personas suelen sucederse las pérdidas, también las alegrías, pero las pérdidas causan más impacto sobre todo físicas o sensoriales de visión, audición o incluso cognitivas así como pérdidas afectivas de seres queridos al ser muy mayores. He tratado de que el espacio de Terapia Ocupacional fuera el lugar donde expresar todo eso que las personas guardan dentro y quieren o no compartir en diferentes lenguajes expresivos: verbal, escrito, dibujado, bailado, construido, pintado, colocado, descolocado, etc…

En los espacios de Terapia se ofrecen distintas alternativas para hacer lo que uno quiere o puede con las habilidades que aún están AHÍ o si ya no están, ayudando a encontrar alternativas o adaptaciones. Con personas mayores cercanas a la muerte o personas con diferentes patologías o alteraciones del estado del ánimo, el proceso de acompañamiento en el día a día para ayudar en la orientación, identificación y gestión de sentimientos.

Y ¿qué aporta EL TerapEUTa Ocupacional a diferencia de otros profesionales?

La ventaja de la profesión de Terapia  Ocupacional es el trabajo en todas la áreas de ocupación en la vida de la persona: actividades de la vida diaria (AVD), actividades de la vida diaria instrumentales (AVDI), educación, trabajo, participación social, juego y esparcimiento u ocio (AATO, 2008). 

También nuestra ventaja es poder utilizar muy diferentes instrumentos como medios para hacer Terapia desde las diferentes ocupaciones hasta el trabajo corporal, movimiento, expresión corporal, relajación y otros muchos medios de expresión: lectura, escritura, pintura, modelado, collage, arcilla…

3. Cómo sabemos tú y yo la ocupación-actividad va a ser la piedra angular de nuestra profesión.

Las personas con problemas mentales tienen dificultad no sólo con el control de sus pensamientos y sentimientos, frecuentemente presentan problemas en realizar las actividades cotidianas, que la mayoría de las personas las consideramos dadas. La Terapia Ocupacional es un recurso importante para tratar este tipo de problemas. Los terapeutas ocupacionales somos especialistas en la vida cotidiana, es decir, facilitamos la organización y desempeño de las actividades diarias de manera funcional y autónoma. En aquello que denominamos Equilibrio ocupacional.

Las vidas de los seres humanos están comprometidas en cientos de actividades que ocupan sus horas de vigilia. Estas ocupaciones tienen un profundo impacto en cómo la persona se siente física, emocional y espiritualmente (Pellegrini, 2007). Las ocupaciones pueden proveer sentido de satisfacción y bienestar, o pueden crear niveles de estrés, desequilibrio e insatisfacción.

En 1990, Elizabeth Yerxa sostuvo que el ser humano es un ser ocupacional y el impulso de estar ocupado tiene raíces evolutivas, psicológicas, sociales y simbólicas. Por ello, solo una actividad con propósito iniciada por persona, es una ocupación.

Las personas hacen elecciones de ocupaciones, las cuales comprometen sus días y al hacer esto, se desarrolla su identidad ocupacional, y se constituyen en seres ocupacionales. Según Hasselkuss (2002), el significado de una ocupación emana del realizarse como persona, crecer y transformarse. Los terapeutas ocupacionales facilitan la realización personal del paciente. Esta facilitación incluye un análisis minucioso de las ocupaciones, analizando las exigencias de la tarea, contexto, roles de las personas, diagnósticos médicos, limitaciones y fortalezas de la persona y su familia (Pellegrini, 2007).

La Terapia Ocupacional valorar el impacto de los déficits detectados en el desempeño de las ocupaciones diarias del paciente. Y de ahí partirá la intervención.

¿cómo definirías tú a un profano de la Terapia Ocupacional cuál es el significado de una actividad y la relación entre ésta y la salud?

Considerando al paciente como un sujeto activo, proporcionándole la oportunidad de participar en actividades que previamente se han identificado como valiosas para él y con sentido, significativas y teniendo en cuenta su entorno real en todos los aspectos: físico, social, etc… Será preciso valorar especialmente cuánto de facilitador o de barrera es su entorno real.


Cuidar y pensar. Decálogo del cuidador

Cuidar deriva del latín cogitare “pensar” y se define como poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo. La diligencia tiene que ver con la prontitud, pero también con la competencia, y este es el punto controvertido.

El cuidado de una persona mayor dependiente lo entendemos intuitivamente como una provisión de ayuda a todos los niveles: cambios estructurales en el entorno, por ejemplo adaptaciones en un cuarto de baño o en una escalera, apoyos para caminar y desplazarse, como bastones, caminador o silla de ruedas, y acompañamiento por una o varias personas para suplir la autonomía perdida, acompañar y ahuyentar la soledad.

Pero no sólo los cuidadores, todos los profesionales de la salud que tratamos a personas mayores dependientes también cuidamos. Desde una óptica más profesional y dirigido a orientar problemas surgidos de situaciones de dependencia, el cuidado y la actuación intenta revertir esa falta de autonomía en la medida de los posible. Ese debería ser el objetivo.

Pero cuidado con el cuidado Puede ser perjudicial para la salud del anciano si no se entiende como algo dinámico y funcional. Considerar la dependencia de una persona mayor como algo ya establecido por definición o que irremediablemente irá a más puede derivar hacia un cuidado (com)pasivo. El cuidado habría de entenderlo como un modelo de atención para revertir la situación de dependencia si es posible, evitar las complicaciones de la situación actual y prevenir su progresión.

Atendiendo a la etimología del cuidar, repasando entradas previas en este blog y anticipando otras futuras, nos atrevemos a postular lo siguiente:

CUIDAR es:

  1. No considerar la edad para ningún aspecto que no sea poblacional. A nivel individual no explica absolutamente nada. “La vejez es lo que ocurre a las personas que se vuelven viejas; imposible encerrar esa pluralidad de experiencias en un concepto o en una noción” S. de Beuvoir. Argumentar un cambio desde la edad es ageismo.
  2. Adquirir competencias en atención a personas mayores. El buen quehacer del médico integra estos aspectos.
  3. No considerar al anciano como un adulto con más años. Hay que actualizarse continuamente para individualizar y precisar las recomendaciones más controvertidas.
  4. Adecuar las prescripciones farmacológicas. El criterio de prescripción no es la enfermedad sino el enfermo. Menos es más.
  5. Exigir que el sistema sanitario se adapte a la persona mayor y no al revés. El envejecimiento ya es una realidad poblacional y asistencial. Hay rutinas durante el ingreso hospitalario de una persona mayor que son claramente perjudiciales para la salud.
  6. Cambiar el modelo de atención cuando se trata de una persona mayor ¿sabes qué se hace en psicogeriatría? Conocerlo es el primer paso.
  7. Integrar la mirada enfermera en los planes de cuidados, no sólo en su ejecución sino en el diseño y planificación de los mismos.
  8. Buscar la actividad ideal para la persona mayor en aras de una ocupación significativa y con sentido, dirigida a mejorar o implementar autonomía. La figura del terapeuta ocupacional.
  9. Poner el foco en la marcha. Incorporarse, sostenerse y avanzar paso a paso. Eso no se adquiere ni mejora “sentado para que no se caiga“. Prevenir las caídas y recuperar funcionalidad tras una caída. La figura del fisioterapeuta.
  10. Cuidar al cuidador. Información, formación y ayudas. La figura del cuidador.

Desescalada humana

Más allá de los planes de desescalada diseñados por el Gobierno para el alivio de medidas confinamiento por la pandemia del COVID-19, nuestra sociedad va a sufrir cambios a otros niveles en los meses venideros.

Nos enfrentamos a una nueva situación, desconocida, en la que muchas cosas serán diferentes. En Sanidad estos cambios traerán probablemente mejoras en algunos ámbitos en los que se están detectando carencias y dificultades durante esta crisis sanitaria. Una crisis, la que estamos viviendo, con decenas de miles de vidas perdidas en nuestro país y con un nivel de exigencia (físico y sobre todo, emocional) a los profesionales sanitarios que ha valido el reconocimiento social diario.

Paradójicamente, y tras una crisis tan honda y dolorosa, corremos el riesgo de un distanciamiento del enfermo. La estigmatización, el miedo o la telemedicina, el gran oxímoron, son caldo de cultivo para una deshumanización de la práctica de la Medicina. Acompañar, simplemente estar, parece algo lujoso que no es posible en los tiempos que corren, tiempos de pandemia.

El ser humano siempre busca un culpable ante situaciones adversas, ahora mismo el principal “enemigo” es el virus. Más adelante, si todo evoluciona favorablemente, el poso que quedará se difuminará probablemente y al personal sanitario que ha estado ahora en la primera línea de fuego le tocará, desgraciadamente, dar cuenta de muchas de las cosas acaecidas durante esta crisis en forma de tsunami. El estigma como sanitario, ahora héroe y más adelante ya se verá, estará ahí e interferirá en nuestro quehacer futuro como profesionales.

El miedo de la sociedad ante una nueva oleada de infecciones por COVID-19, ante otras futuras enfermedades o ante lo desconocido, se ha reactivado. Probablemente nos creíamos invencibles, protegidos y seguros pero esta pandemia ha desecho todas esas creencias y nos revolverá muchos sentimientos. Mientras tanto, el miedo estará ahí presenciando cómo salimos adelante.

En estos tiempos de pandemia, la posibilidad de una vida virtual nos ha ayudado y salvado de un aislamiento mayor; nos ha permitido contacto con familiares o amigos y continuar con los quehaceres de colegios y trabajos. Ha dejado que podamos seguir, de alguna manera, con nuestra vida habitual. Pero este tipo de telecontacto, lejano pero seguro, puede dificultar una vuelta a las relaciones reales; las humanas.

Noticias que nos muestran servicios de teleasistencia para valoración inicial de pacientes con sospecha de infección por COVID-19 en algunos hospitales son una realidad, incipiente, que sirve para proteger a profesionales ante un posible contagio pero que aleja mucho la humanidad del acto médico.

Riesgos para la propia salud de los profesionales y sus familias, miedo a estar expuestos al virus innecesariamente (por la posibilidad de minimizar esa exposición con otro tipo de gestión por parte de los responsables) y una disección del trabajo y lo que no es el trabajo pero que crea interés, de los profesionales sanitarios. Todo este análisis del personal sanitario, que está sometido a una gran presión emocional, va a hacer mella en sus futuras acciones. La trascendencia que emana de la situación global de pérdida y amenaza que vivimos puede virar a distanciamiento y deshumanización, no intencionada, pero fruto de todos estos aspectos que hemos comentado.

Entendemos como un reto para los profesionales sanitarios encontrar un equilibrio en este paisaje de dificultades, miedos, inseguridad y desamparo que ha regido su día a día desde el inicio de la pandemia y llevar la profesión hacia su esencia; la humanización.