Iniciamos una serie de entradas con recomendaciones de libros sobre suicidio. Hay historias en primera persona, manuales al margen del corsé académico y novelas ad hoc. Conforman la estela de lecturas en distintos momentos de mi vida. Libros que son mi biblioteca.
No caben reflexiones afectivamente neutras en un debate sobre el suicidio, es la cuestión capital. Nuestra mirada desde el visillo nos precipita en la cuestión ontológica de matarse uno mismo. Un libro y nosotros. Los hay que recorren el dolor y el sufrimiento que deja el suicidio, otros el camino previo al desenlace. Unos los escriben aquellos que recuerdan al fallecido, otros quienes acaban suicidándose. Hay estudiosos del suicidio como fenómeno, su historia e intentos de aprehensión y simplificación, la quimera de una conceptualización sin fisuras. Y novelistas brillantes. La literatura como garante metafórico. Presentan el suicidio desde dimensiones que poco tienen que ver pero están.
Al igual que la anterior serie de Biblioterapia sobre el duelo, estas lecturas sobre suicidio las comencé a agrupar hace algunos años en Twitter, ahora X, en concreto en la cuenta @edudelgad. Ahora las recopilo y presento sin un orden intencionado. Recordamos también aquí una entrada antigua de este blog sobre Suicidio en personas mayores.
APUNTES SOBRE EL SUICIDIO. Simon Critchley. Ed. Alpha Decay.
Manual a modo de breviario caleidoscópico que, alejado del dogmatismo, ilumina y colorea aspectos del suicidio necesariamente entrelazados. Uno no deja de subrayar mientras va leyendo. Permite líneas de trazo diverso, gruesas de asentimiento y exclamación, fragmentadas de duda y desacuerdo, finas de desconcierto. Una delicia. Dejo alguna muestra y comentarios.
“La cuestión apunta a los límites de lo que uno puede soportar… (…) no creo que nadie haya tirado su vida por la borda mientras valiera la pena conservarla”
La paradoja se instala necesariamente en el debate. La señala y la recorre:
“Si afirmo que tengo el derecho de suicidarme, el derecho a decidir sobre mi propia muerte, entonces la premisa mayor de dicha afirmación es que disfruto de un total dominio, propiedad y soberanía sobre mi propia persona (…) la propiedad de uno mismo es algo que se posee con los demás, junto a los demás”.
“Hay una perversa racionalidad en el suicidio depresivo donde todas las razones conducen a la misma fatal y en apariencia ineludible decisión”
“El suicidio puede dar coherencia a una vida, pero sólo al precio de arrebatarle su complejidad al contemplarla a través del instante de la muerte”
El autor sitúa el suicidio en el plano interpersonal y en el marco de cada tiempo y su mirada cambiante.
“La soberanía es algo que se comparte y reparte en las complejas redes de dependencia que constituyen una vida humana”
Y pone el foco en la (no) comunicación como elemento clave:
“Las notas de suicidio son un intento de entablar una comunicación (…) uno se convierte en un objeto”.
2. SEMPER DOLENS. HISTORIA DEL SUICIDIO EN OCCIDENTE. Ramón Andrés. Ed. Acantilado.
Se trata de un ensayo narrativo exhaustivo que contextualiza el suicidio en occidente. Ese es el punto de partida, pero…
«La mentalidad occidental ha cristalizado como un reducto de un “yo” que envejece mal, que no acierta a saber si la muerte es el reverso de la vida o la manifestación última de poder»
… para llegar a nuestro momento y lugar es necesario recorrer las diferentes miradas a lo largo de períodos que preceden al actual para iluminar la carga histórica del suicidio:
«Los teólogos, filósofos, médicos y legisladores contribuyeron a que el fenómeno suicida fuera asimilado, según el juicio de su disciplina y el tenor moral de cada uno, bien como pecado, bien como obra de la lógica, como acto de valentía, crimen o enfermedad»
Y fijar lo que se mantiene inquebrantable en las diferentes épocas:
“Las quiebras espirituales e ideológicas no resultan tan determinantes en la decisión del suicidio como lo son la inseguridad y el miedo, el cansancio, el tedio, el temor a la enfermedad, el sinsentido, lo inalcanzable de unas exigentes perspectivas autoimpuestas. Todos estos factores no privativos de una época”.
La recomendación es más para lectores exigentes de datos y no tanto para aquellos que esperan un recorrido novelado.
3. BIATHANATOS. John Donne. Ed. El Cobre.
Ensayo clásico y complejo de conseguir, también de leer. Hay una frase usada a modo de aforismo del autor que trasciende al libro, que va mucho más allá (que no es poco). Esta es:
“Ningún hombre es una isla completa en sí misma; todo hombre es un trozo de continente, una parte del todo. La muerte de cualquier hombre me empequeñece, pues estoy en la maraña de la humanidad. En consecuencia, no envíes nunca a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”
La minuciosidad del autor y su ornamentos poco contemporáneos detienen el tiempo e instan a la evasión hasta que te percatas de que lo escrito permanece vigente siglos después:
«No existen móviles más evidentes que estos tres – desesperación, vergüenza y venganza-, pero sólo si abusamos del espíritu causal que nos domina a la hora de dar un sentido rápido a los asuntos trascendentes (…)»
«Del mismo modo tres han sido las armas que se le han opuesto sistemáticamente para tratar de ponerle límites: el pecado que lo sanciona, la ley que lo prohíbe, y la terapéutica que le devuelve a cualquier precio la “cordura” de la existencia»
«En la actualidad, se intenta por todos los medios que no quede espacio para una decisión suicida moralmente aceptable»
4. A TRAVÉS DE LA NOCHE. Stig Sæterbakken. Ed. Mármara.
Al abrir el libro ya sabemos que su autor se suicida tras entregar el manuscrito al editor. Invita a una búsqueda determinista sin encuentro posible, con lo que toca seguir buscando. Cada suicida es un manual, cada suicidio un mundo quebrado.
“Ocurrió de repente, del mismo modo que una palabra de la página siguiente de un libro se te queda agarrada al límite del cambio de visión incluso antes de que la leas”.
5. SUICIDIO. Édouard Levé. Ed. 451 Editores.
El autor también se suicida al entregar la obra y en este caso es el editor el que la inicia. Y no presenta el libro desde la ausencia de posibilidad de una nueva obra si no el suicidio como única posibilidad de contar una vida.
“Tu suicidio se ha convertido en el acto fundacional, y tus actos anteriores, que creías liberar del peso del sentido con ese gesto del que apreciabas la absurdidad, se han visto, por el contrario, alienados por él”.
La muerte como punto de partida de una no-vida.
6. DELICIOSO SUICIDIO EN GRUPO. Arto Paasilinna. Ed. Anagrama.
Novela sin la tensión narrativa agónica que se le presupone al tema y con el desconcierto añadido del humor que permea intermitentemente. El azar y lo interpersonal como cambio y posibilidad de desnudar de transcendencia un instante atávico.
«Un crujido, un ruido, un estornudo y no me suicido. Y necesito contárselo a otros…«
“Con la muerte se puede jugar, con la vida no. ¡Viva! Lo más importante en esta vida es la muerte, y ni siquiera ésta es realmente importante”.
7. LOS SUICIDAS DEL FIN DEL MUNDO. CRÓNICA DE UN PUEBLO PATAGÓNICO. Leila Guerriero. Ed. TusQuets.
Novela modo de reportaje absolutamente desgarrador. Los valores que anticipamos compartidos se resquebrajan en una invitación de formulación transcultural contemporánea no fabulada. Llegados a un determinado punto, la naturalización del suicidio no posibilita el debate.
“Acá en la Las Heras se generalizó y se naturalizó ese pensamiento y hay que desnaturalizarlo para volver a trabajar con ese tema. Acá la gente naturaliza todo: el embarazo adolescente, el suicidio, la violencia. La gente naturaliza cosas graves. No es bueno que se haga natural. Y también hay que respetar la decisión de quitarse la vida. Respetar a esa persona que decidió quitarse la vida, porque es una decisión. Y las decisiones hay que respetarlas”.
“Es que vivir cuesta, y generalmente se piensa que morir no cuesta nada”.
8. LOS SUICIDAS. Antonio Di Benedetto. Ed. Adriana Hidalgo Editora.
Novela de autor, semánticamente desconcertante y temporalmente fragmentada: una posibilidad de sostener el suicidio pero no al suicida.
“Y eso fue la falla de la criatura: creyó que todos quieren vivir, que basta con que se les ponga la comida delante”.
9. DIARIOS 1984-1989. Sándor Márai. Ed. Salamandra.
Diario de un hombre que cuida. Un pensador en tiempos de guerra. De como un sentido de vida se deconstruye durante la agonía del otro. Un marco bélico metamorfoseado en una habitación en un tiempo detenido. Ningún lector duda de la necesaria irremediabilidad del suicidio tras la muerte de su mujer.
“Quietud si pienso en la muerte. Inquietud si pienso en el morir” “leer constituye un esfuerzo vano, escribir ya es simplemente un acto compulsivo. Todos los que me importaban están muertos, masacrados”
“En la habitación del enfermo, como en la cárcel, el tiempo no existe. Día y noche, horas y minutos se funden en una sola línea”
“No es bueno dejarse envejecer por la vejez. Pero es peor mantenerse joven mediante artificios”
“Prefiero la soledad en solitario que la soledad en compañía”
10. DEBIMOS SER FELICES. Rafaela Lahore. Ed. La Navaja.
Una novela sobre la perversa protección del silencio quebrantado por una nota de suicidio entre papeles y burocracia. A partir de ahí únicamente pueden reescribirse fragmentos de vida hilvanados con palabras y separados por silencios. Presenta lo inefable de un silencio truncado, la toma de conciencia brutal de una historia de vida al margen, de una posibilidad arrebatada sin mediar consulta.
“Quisimos protegerla, pero en realidad nos protegimos a nosotros mismos de pronunciar ciertas palabras”
“Están calladas, ensimismadas, saben que cuando cada cosa vuelva a su lugar empezará para ellas una vida peor y nueva”
“El pasado es un pozo en el que suelo asomarme a veces, pero a vos te hizo caer (…)»
Hasta aquí las primeras propuestas de lectura en un orden aleatorio que simboliza la inmanencia del suicidio, que permanece al margen de un cualquier comprensión posible.
Continuará en sucesivas entradas….